corre un maratón y te cambiará la vida

corre un maratón y te cambiará la vida

Corre un maratón, atrévete a ponerte una gran meta y encontrarás que lograrás lo imposible haciendo cosas posibles.

“Si quieres correr, corre una milla. Pero si quieres experimentar otra vida… corre un maratón”
Emil Zátopek

Aquel día cambió mi vida… Aquel 31 de agosto del 2014 fue un día que había preparado un año antes. No sabía que me tocaba, no sabía qué pasaría, pero sin duda, aquel 31 de agosto del 2014 fue un parteaguas hacia lo que creía que podía alcanzar, y lo que estoy seguro alcanzaré.

Estoy seguro que muchos habrán pensado, sentido y hasta asegurado cada una de estas palabras, pero también estoy seguro, corre un maratón y te cambiará la vida.

Corre un maratón…

En septiembre del 2012 empecé a correr sin saber a donde llegaría. Fue más un reto que una posibilidad de continuar. Un primo me convenció de correr 5 km, tan solo 5,000 metros que no los veía ligeramente imposibles, y hasta fáciles de lograr. Recuerdo que un día antes cometí los errores más comunes y sin embargo, más olvidadizos. “No cenes pesado”, “No tomes antes de una carrera”, “No te desveles”, “No fumes” y así podría seguir mucho.

Cuando empecé a correr aquellos 5 km, sentí que estaba con bastante fuerza, pero dicha fuerza no dudaría mucho. Cuando ya creía que estaba a punto de terminar, me di cuenta que no había llegado ni a una cuarta parte. Ahí mi ánimo se desmoralizó. ¿Qué he hecho?, ¿En qué me metí?… Me repetí 100 veces. Las frases “Esto no es como tú pensabas”, “Tú no estás hecho para esto” no salían de mi mente. Sin embargo, empecé a darme cuenta de algo; Soy muy difícil de derrotar y sobre todo, soy muy terco cuando no veo el final. Y si, al final lo terminé. Con lágrimas en los ojos pude ver aquella meta y terminé conquistando mis primeros 5K.

Regresando a aquel 31 de agosto del 2014, estas imágenes me vienen como balas en la cabeza. Recordé cada una de las carreras que había entrado, y sin embargo, nunca había tenido tal reto enfrente de mí. Empecé con una lluvia que nunca había experimentado en una carrera anterior. Salí completamente lleno de lluvia, y sin embargo no sentía frío, ni hambre, ni sueño. Sentía unas ganas de recorrer cada uno de esos 42,195 mts y demostrarme que si, era difícil de vencer.

Poco a poco mi corazón se fue llenando de fuerza y a la vez de miedo. Un cúmulo de pensamientos brotaban y me golpeaban duro. Un “Tú puedes” iba seguido de un “Mejor renuncia” y así cada paso, cada metro y cada obstáculo lo iba sucediendo. Cada persona que veía desertar era un golpe de fuerza para mí y veía que yo seguía adelante.

Cuando llegó la característica y tan sonada “pared” de un corredor (un punto en la carrera en que tus piernas no dan mas y tu energía se acaba) fue en el km 32. Algo me pegó de seco y quería parar en ese momento. Traté de seguir corriendo, pero mis piernas ya no daban más y me empezó a atacar un pánico impresionante de quedarme cerca y ver que tanto me preparé para no lograr nada.

Cada metro, cada paso, cada movimiento hacían que mi cuerpo me gritara que ya no podía, que esto no era para mí, y me volvió a entrar el pánico en mi mente, el mismo pánico que me pegó en aquella carrera casi 2 años antes. Si algo tengo que reconocer es que gran parte de aquel maratón fueron los ánimos de la gente. Aquellos gritos de aliento que nos daban a cada corredor, y nunca nos dejaron solos.

Cuando faltaban 6 km exactamente mi cuerpo decidió que ya no iba a dar un paso más, y ahí mi mente decidió jugar conmigo de una excelente manera. Empezó a lanzarme cada una de las carreras que he conquistado. De como logré sobreponerme de un penúltimo lugar en mi primera carrera de 7.5 km, a como logré superar las demás. 6 km, 9 km, 12 km, 16 km, 21 km, 30 km y así hasta llegar a donde estaba en ese momento. Fue cuando recordé las palabras de Martin Luther King… “Si no puedes volar entonces corre, si no puedes correr entonces camina, si no puedes caminar entonces arrástrate, pero sea lo que hagas, sigue moviéndote hacia delante”, y eso hice, un paso a la vez, jala una pierna adelante, y después la otra. Así sucesivamente hasta ver donde puedes llegar. Ya no pensaba en llegar corriendo la meta, tan solo quería terminarlo, quería experimentar qué había más allá de aquel triunfo. Ser del 1% que corre un maratón y tan solo convertirme en aquel porcentaje que lo logró.

Curiosamente, cuando iba cruzando el km 42, y solamente me quedaban 195 mts. por delante, ya no sentía nada, ni dolor, ni frustración, creo que ni siquiera alegría, pero si sabía algo. Sabía que algo había cambiado. Que nunca había sufrido tanto y a la vez sentirme tan pleno.

Cuando crucé aquella meta, no rompí ningún record mundial, no me recibía la prensa, no había ganado nada económico, ni siquiera iba a ser reconocido nacionalmente. Pero sabía que el récord personal lo rompí y eso era mayor que cualquier otra cosa. La prensa no estaba ahí, pero estaba mis 2 pequeñas fans que en cada carrera estaban ahí. Wenn y mi mamá. Lo económico no lo gané, sin embargo, me sentía millonario de luz, y no fui reconocido nacionalmente, sino algo más importante, quedé tal vez por primera vez en mi vida, como el modelo a seguir de muchas personas que me lo dijeron.

Aquel 31 de agosto de 2014 supe algo. Supe que no era el mismo que empezó la carrera, supe que cualquier obstáculo en mi vida, cualquier problema o cualquier tempestad no mejorará si te detienes. Que conforme avanzas, tus músculos dolerán, pero ese dolor es motivo de demostración para sentirte más vivo que nunca. Aquel 31 de agosto de 2014 entendí la frase que tanto había escuchado antes del maratón, y la entendí mejor que nunca…

“En el km 30 pensé que estaba muerto, en el 35 me hubiese gustado estar muerto, en el 39 supe que estaba muerto… En el 42 me di cuenta que me había convertir en alguien difícil de matar.”

P.D. Si quieren reconocerme en la foto, soy el único con playera azul en medio de la foto. Y les recomiendo mucho… corre un maratón.