Ciudad de México · Empresario · Marca personal

Soy Raúl Valero.

Chilango de hueso colorado, empresario por naturaleza y convencido de que la vida no se vive con el freno puesto. Llevo más de 20 años construyendo negocios, cometiendo errores, aprendiendo en terreno real y acumulando anécdotas que algún día van a acabar en un libro.

Me corrieron de la prepa. Fue lo mejor que me pudo pasar.

Desde que tengo memoria, fui el niño despistado. No malo, no flojo. Simplemente alguien que no encontraba el sentido a lo que le pedían que hiciera. Las calificaciones lo reflejaban.

A mediados de 2do de preparatoria, mis “brillantes calificaciones” me costaron la expulsión. Mi madre, con la sabiduría de quien sabe que un golpe de realidad a veces vale más que mil discursos, me metió de castigo a trabajar en el taller industrial de la empresa de equipo de bombeo de mis tíos.

Ahí aprendí a soldar, cortar, pintar, usar el esmeril. Aprendí cómo funciona una pieza, cómo se ensambla un equipo, cómo se trabaja con las manos. Nadie sabía en ese momento que años después ese taller sería parte del ADN de mi empresa más importante.

Como diría Steve Jobs: no puedes conectar los puntos mirando hacia adelante. Solo puedes conectarlos mirando hacia atrás.

Cuando me “levantaron el castigo”, entré a trabajar a un bazar vendiendo ropa de mujer y trajes sastre. Sí, lo acepto con orgullo. Esa primera experiencia como vendedor me enseñó mucho, pero también me mostró mis límites: hay cosas para las que uno sirve y cosas para las que no, y reconocerlo temprano es una ventaja enorme.

Aprendí que saber hacer algo no es suficiente para construir un negocio.

Cuando regresé a la prepa y después a la universidad, el chip emprendedor ya estaba encendido. La pregunta no era si iba a tener un negocio, sino cuándo y cuál.

A veces, lo más difícil es ver como es una persona saliéndose del caparazón. No es fácil poder ver de qué estás hecho. Pero trataré de explicarlo de la mejor manera, para que veas lo más posible sobre mí.

Sobre mí

Me llamó Raul Armando Valero. Soy el tercer hijo de una familia típica de la Ciudad de México y curiosamente soy el tercer hijo con el nombre “Armando”. Mi padre siempre quiso que me llamara Raúl, pero no pensaba llamarme de ese modo. En un momento en el registro mi madre decidió que me llamara igual que él “Raúl Armando”.

Desde niño, siempre fui muy curioso acerca de los temas de reparación y armado de equipos electrónicos. 

Siendo hijo de una  Lic. en Matemáticas y mi padre Arquitecto, tuve mucha habilidad por los temas matemáticos y analíticos y desde muy pequeño tuve acceso a una computadora donde aprendí a dar mis pequeños pasos en el mundo de la programación a través de un programa llamado “Logo”. Quien se acuerde de dicho programa, recordará que era una pequeña tortuguita que daba vueltas a 360 grados y hacía líneas por medio de códigos de comando muy sencillos. 

Es cierto que no era bueno en la escuela, pero siempre me interesó mucho la lectura. Recuerdo que cuando salía en viajes largos con mi familia (más adelante llegaré a ese punto de los viajes), mi madre me compraba decenas de revistas o cuentos para leerlos en el camino. 

Siempre he creído que mucho tiene que ver con los hobbies de los niños cuando los marcan los papás. Y como siempre vi a ambos con un libro en la mano, me volví un lector ávido en casi todo tipo de temas. 

Sin embargo, a pesar del amor por la lectura, me volví un estudiante muy aplicado hasta 5to semestre de la universidad (también llegaremos a ese punto).

 

Mi montaña rusa estudiantil

Desde que tengo uso de razón, no le encontraba un sentido al estudio ni a las materias que llevaba en la escuela. Simplemente se me hacían tan fáciles que no le encontraba algún momento de meterme de lleno. Así pasé toda mi educación básica y media. Cuando llegó el turno de elegir una carrera universitaria me fui a lo más lógico que en su momento vi. Toda mi familia está rodeada de Ingenieros. Lo mejor es qué estudie Ingeniería, y como salió en mi examen de aptitudes, me metí a mi primera opción… Ingeniería en Telecomunicaciones y Electrónica.

Hice todo un plan de vida rodeando esa Ingeniería. Estudiaría mucho, en 5to semestre me iría de intercambio a Alemania, me prepararía y entraría a una de las mejores empresas de automatización de México. 

Sin embargo, como toda la vida, empecé a dar un giro en los primeros meses de la carrera y el miedo empezó a apoderarse de mí. Me espanté y un semestre después me cambié a una carrera que en el papel se me hacía más fácil… Diseño Industrial

Si bien es cierto que me encantó la carrera, me di cuenta muy tarde que no me apasionaba para dedicarme toda mi vida a ello. Estuve 1 año y decidí desertar y sentarme a pensar qué era lo mejor para mí, y tras meses de estar analizando, me di cuenta que extrañaba muchísimo la Ingeniería y todo el ámbito de la tecnología y los números y decidí cambiarme de universidad y regresar a Ingeniería.

Un punto de quiebre

Cuando iba a punto de entrar a quinto semestre de la carrera, fallece mi padre y para poder costear los estudios

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