Un nuevo camino de soledad

Y la vi, completamente radiante, llena de vida, de felicidad. Aquellos ojos destilaban rayos de emoción como pocos había visto. Creí que podía sorprenderme, creí que podía curarme y regresar a mi vida todo aquello que había perdido.

Alguna vez leí una anécdota que cuando sales de tu círculo de vida, tienes que dejar marcas que te hagan regresar, algo como el cuento de Hansel y Gretel; deja marcas que te enseñen a regresar. Tengo que confesar que se escucha muy bonito, pequeñas migajas de pan que te enseñen a regresar al camino.

Pero cuando entregas tu corazón, te olvidas de aquellas marcas, te olvidas de volver a la senda del camino por el que te habías trazado, y te vuelves incauto, y te muestras sensible.

Ahora, cuando te quitan la venda de los ojos, encuentras tu vida en un punto alejado, en una ciudad que no conoces y a gente que no sabes por qué está ahí, y al querer regresar te encuentras perdido.

A veces encuentras el camion de regreso, a veces encuentras nuevos rumbos que te muestran lugares diferentes y terminas acostumbràndote…

Y ahora, al ver esos ojos, ese nuevo brillo terminas creyéndote que la felicidad es pura, que la vida encontró un nuevo destino, y vuelves a soltarte, a querer creer de nuevo, que esta vez si podrás encontrar el camino sin retorno, que no te importe nada mas. Y al encontrar una de las tantas migajas te das cuenta que ya pasaste por ese camino y vuelve el terror, la duda, la incertidumbre y te cierras. No, no es zona de confort, es simplemente que tu corazón ya no quiere recorrer dicha senda, que tu mente se niega a esconderse en la bruma, y que la neblina esta vez es mas densa.

Esta vez el amor no es tan sencillo, esta vez, solo esta vez, tal vez, no deseas dejar las migajas a la vereda, y prefieres tapar con tierra el camino, y seguir caminando entre los árboles, porque es mejor acompañarte de la soledad, que entregar tu corazón a la incertidumbre.